15/8/09

Dilema

Una interesante interrogante

me mira de frente en el espejo

¿No mata ni una mosca

o mosca muerta?

Pequeña y enorme diferencia.

Micaela Del Alba

4/3/08

Tu Dulce Compañía I



Apenas recibí la noticia de mi nueva ahijada supe que se me venía duro, hace mucho tiempo que no me dedicaban un caso de tiempo completo; pero mejor partamos desde el principio. Estaba de turno en el cielo uno de esos sábados un poco monótonos cuando un hecho sin precedentes alteró la natural calma celeste. Ariadna el hada madrina había apelado al tribunal Supremo de redistribución, para renunciar a la tutela familiar que había sostenido por más de diez generaciones. Su argumento era indiscutido, esa tarde había leído dentro de los ojos almendrados de Macarena , que ella nunca se iría de las fiestas antes de las doce de la noche , ni menos bordaría en punto cruz las iniciales de su amado mientras esperaba paciente que sonara el teléfono. Así es que si no iba a haber príncipe azul que la aguantara ¿Cuál era el objeto de un hada madrina? El caso fue largamente discutido por los miembros del tribunal, sobretodo por la conjunción astral tan particular que marcó el nacimiento y el destino de la primogénita de los García. Incluso se sugirió que tal vez este caso debía ir a abultar directamente la ya atiborrada agenda del Arcángel Gabriel; pero finalmente optaron por pasarlo al turno, eso sí con las providencias del caso, dedicación exclusiva. Así fue como terminé, absolutamente dedicado al cuidado de esta pequeña que, totalmente ajena a todo el revuelo que había causado, sonreía desdentada desde su cuna.
Los mismos ojos que ahuyentaron al hada madrina fueron los que me conquistaron. Macarena quería tragarse al mundo a través de esas dos pequeñas ventanitas cafés, verlo todo, sentirlo todo. Tardó muy poco en aprender a hablar, y debo confesar que hasta tuve que arrancarme un par de plumas para limpiar los rastros de la emoción que me hizo sentir su hilito de voz rezando por primera vez el ángel de la guarda, enseñada eficientemente por su padrino antes cumplir los dos años. Su infancia voló sobre mis alas, no me aparté de su lado cuando tuvo que pasar una noche en el hospital producto de la fiebre, y me hizo sufrir de lo lindo trepándose a cuanto árbol se le cruzaba en los paseos al campo. Pero dentro de todo, no hubo en ese periodo sobresaltos, excepto claro un par de rabietas en que descompuso solo con su enojo todos los fusibles de la vieja casa del abuelo o su cumpleaños número diez en que a punta de fe logró cambiar una inminente tormenta por un día de sol radiante en media hora reloj sólo pidiéndolo con todo su corazón.
Los García siempre quisieron una familia numerosa, así que los hermanos no tardaron mucho en llegar, claro que a todos ellos les designaron un ángel guardián común como se hace en la mayoría de los casos con los niños de una misma familia. Pero Macarena seguía siendo la luz de mis ojos, yo cuidaba cada uno de sus enredados cabellos como si fueran la última brizna de verdor en un desierto; por eso me sentí un poco mal cuando empezó a olvidarse de mi para transformarse en una adolescente. Y bueno… como toda chica común y corriente desde los trece hasta los dieciséis, La Maca, como le gustaba que le dijeran ahora; no hizo otra cosa que adolecer, sufrir porque no era ni rubia ni castaña, su pelo levemente ondulado se le disparaba en miles de colores inimaginados ; sufrir porque no era flaca como una escoba o alta como una modelo; sufrir porque sus ojos tenían forma de gota castaña y no estaban, como los de sus amigas, apagados en los brillos azules de la sombra de ojos que su mamá, muy atinadamente a mi juicio, no la dejó usar hasta los diecisiete. Y así llegamos finalmente a los diecisiete, un poco antes de su fiesta ella se dio cuenta de que con esos ojos benditos y su sonrisa podía iluminar el mundo para ella y para los demás, entonces volvió a recordarme y a darme las gracias constantemente a mí y al jefe por cuanto se le había dado. Que no era poco.
Entré con ella orgulloso a su primer día de universidad y no me importó perderme la vigésimo segunda convención que San Pedro daba para regalarnos tips que llevarían a nuestros protegidos directo al cielo; siempre pensé que la Maca se iba a ganar sola su puesto en aquel lugar. Lo que no sabía es que no iba a resultar tan simple.
Al principio me di cuenta de que la Universidad no era el mejor lugar para dejarla todas las tardes, porque en cuanto me descuidé por trámites urgentes con un par de ex pupilos en el purgatorio, la encontré bailando arriba de una tarima para la semana mechona, candidata para no se que cosa, dándole el teléfono a algún malintencionado en el enorme patio de la facultad.
Esta bien, tal vez fueron un poco mis celos, pero desde que empezó a cruzar miradas con ese tal Esteban la cosa no me gustó nada. De partida él era un personaje falto de alegría, el gris se había apoderado de sus ojos y de sus gestos. Cuando indagué en sus antecedentes me di cuenta que era el ex protegido de un ángel caído esperando ser reubicado, lo que a su edad significaba que pese a su bautizo, y de no mediar confirmación estaría entregado un año por lo bajo a la buena de Dios, que aunque no es malo, por que el jefe si que es bueno; sin duda no es lo óptimo. Así fue como confirmé que si este personaje se fijó en la Maca fue sólo para ver si le podía robar algo de esa aura maravillosa y despreocupada de amor por la vida.
Traté entonces de hablar con Macarena a través de sus sueños, pero en vista del mal uso de esta vía de comunicación por parte de ciertos colegas con poco criterio , los formularios que tenía que llenar eran tan numerosos que para cuando tuve la autorización en mi mano la Maca y Esteban llevaban dos meses de pololeo, claramente los sueños ya no eran una salida. De todas formas guardé el salvoconducto a su inconsciente porque tuve el bendito presentimiento de que podía necesitarlo más adelante con suma urgencia. Y bueno, después de un tiempo de infeliz pololeo y muchas lágrimas con sabor a amareto que casi le destiñeron a mi pobre niña sus ojitos de almendra, ella terminó con él.
Y terminó no porque no lo quisiera, ni porque se había resignado a perderlo dentro de la niebla gris, todavía estaba esperanzada de hacerlo brillar con luz propia e iluminar su semblante. Pero por suerte antes de tirar a la basura su último pedazo de dignidad y sentido común en un gesto iluminado, recordó a su gentil servidor y me pidió la fuerza necesaria para conservar al menos eso y dejarlo ir. Como esto es maravillosamente simple y al que pide de corazón se le da, esa noche estuve al pié de su almohada recitando hazañas infantiles y momentos felices para despertar su amor propio, dormido en una esquina de su alma tan angustiada; tomé su mano, con la misma dedicación con que la sostuve que hace ya más de diez años en ese frío hospital. Valió la pena el sacrificio de mis horas de sueño porque logré sacar a Esteban finalmente de su vida. En todo caso, los problemas estaban recién empezando.
Al principio no me di cuenta del cambió porque en verdad fue imperceptible, esta bien, tal vez esa noche se me había pasado la mano con lo del amor propio, porque después de terminar con Esteban la Maca paso una semana mirando a los demás por debajo de su hombro como si les hiciera el favor de dirigirse a ellos, pero tal vez era solo una forma de disfrazar la pena, así que cometí el error de dejarlo pasar. Pero empecé a notar que todo a su alrededor empezaba a apagarse, primero fueron las plantas de su departamento, luego se incrementaron levemente las peleas entre sus hermanos pequeños, y cuando el señor del almacén comentó a su salida que esta niñita no daba ni las gracias hace más de un mes, me di cuenta que la cosa se había puesto fea. Hasta entonces no había comprendido cabalmente cual era la razón de fondo de la dedicación exclusiva a esta pequeña que no era aparentemente ninguna santa de tomo y lomo ni un alma particularmente iluminada. Fue entonces que recordé lo de la conjunción astral y revisé con más cuidado nuevamente su expediente. La Maca nació en el preciso momento en que la luz y la oscuridad estaban en exacta proporción y equilibrio, esto solo pasa una vez cada doce mil años y quiere decir que su corazón es una pieza clave en la batalla entre las fuerzas secretas del universo. Esto no quiere decir que ella pueda redimir al mundo o condenarlo, esa es tarea solo para los elegidos supremos y el mismo Dios. Pero ella puede inclinar la balanza de una cantidad impensada de almas, una pequeña buena acción como un efecto mariposa, puede llegar a lograr la paz en algún rincón del belicoso medio oriente; y uno de sus desaires puede condenar a vacuidad a un par de personas tristes propensas por naturaleza al vacío. Yo estaba al tanto de este antecedente pero lo fui olvidando porque el bien estaba gravado como un sello sobre su sonrisa, y si alguna vez había hecho una maldad, cabía más como travesura que como real acto mal intencionado. Pero no dar siempre las gracias ya era grave en una persona normal y en ella podía traducirse a la larga en una catástrofe.
Los meses pasaban y la Maca no mejoraba, hasta le hice el favor de aceptar horas extraordinarias para arreglar con el respectivo ángel de la guarda un encuentro casual en el metro con quien resultaba, en ese momento, perfectamente complementario para sacarla de este estado a punta de besos de miel. Pero ella no lo vio porque estaba ocupada estudiando para el examen final de algún ramo sin importancia; solo tendría que haber cruzado una mirada con él para ver dentro de sus ojos verdes la luz de un mañana mejor. Pero no resultó, ella ya no vibraba naturalmente en la sincronía universal del amor, y yo estaba por eso mismo cada vez más impedido de colarme en sus presentimientos y sensaciones. Era una impotencia terrible, ver como sus pensamientos vagaban volubles e inconstantes sin detenerse ni un minuto para recordarme. Mi última carta eran sus amigas del colegio, hoy en la tarde iban todas al Bar-Casa ojalá alguna notara la cada vez más notoria diferencia en su trato. Pero todas estaban felices de verse y tan ocupadas narrando cada una su historia, que no se dieron cuenta de mucho. Aunque no se veían muy seguido su amistad continuaba intacta, les gustaba mantenerse aunque fuera vía mail informadas de todo. Más tarde llegó la hora de los brindis, el primero propuesto por Sofía:
-Amigas, propongo brindar por la valiente actitud de la Maca que por fin terminó con el cacho de Esteban –Todas se rieron y se prepararon a levantar su copa-
-Mejor que eso, dijo la Maca. Brindemos porque ya no creo en el Amor.-Supongo que tenía que ver con los Amareto sour que llevaba, pero aun así las demás la miraron un poco desconcertadas, pero no bajaron la copa.-
Yo estaba horrorizado, cuando escuché el tintinear de las copas no podía parar de pensar en la cantidad de repercusiones que tendrían esas palabras, niños que pierden la ilusión en la navidad, padres que pierden la ilusión en el porvenir, ni hablar de la caridad que no alcanzó a manifestarse en por lo menos una docena de manos despreocupadas. Todavía no terminaba de calibrar esto cuando sentí un tirón inesperado en mis alas, me estaban jalando desde arriba. Esto si no me había pasado en toda la vida, la que en mi caso es bastante larga, así que me di cuenta de que la Maca se había metido en problemas más grandes de lo que yo pensaba.
En menos de lo que canta un gallo estaba yo ante el tribunal Superior Supremo con el Arcángel Gabriel presidiendo y Ariadna el hada madrina como principal inquisidora.
-Ángel Vicente, ha sido usted citado a este tribunal por el grave comportamiento de su única pupila, del que acaba de ser Testigo presencial. ¿Tiene algo que decir en su defensa? –El presidente del tribunal sonaba lejano y seco, como el eco de un disparo.-
-Su excelentísimo Arcángel, solo puedo decir que Macarena es joven, no tiene idea de la proporción de su afirmación, y además…
Ariadna interrumpió molesta se ve que se había amargado de la ociosidad, cada vez menos niñas nacen con la estrella de un príncipe azul tradicional en su futuro y las princesas son cada vez menos, así que no le quedaba mucho trabajo por hacer:
-De lo que no tiene idea es de las consecuencias de su afirmación, porque esta chiquilla nació díscola y no se le va a quitar. personalmente sugiero que hay que trasladarla a la otra dimensión con urgencia antes de que cause más daño, se ve que su conjunción astral le quedó grande, de hecho si hoy la llevan de vuelta en auto tengo el ojo puesto en una circunvalación sumamente accidentada. Es la única forma de evitar el mal mayor, y con sus antecedentes solo tendría que pasar un par de décadas en el purgatorio antes de su merecido descanso eterno, y eso es sacarla bastante barata por haber negado al Jefe.
Pero yo no iba a rendirme tan fácilmente, si mi pupila de tiempo completo se iba al purgatorio, ahí si que tenía que quedarme como ángel del turno por una eternidad, literalmente. Y no me la iba a ganar una cobarde que la tiene tan simple como hacer calzar un par de zapatos de cristal, así que armé mi argumento en tiempo record.
-Su excelentísimo arcángel, estoy seguro de que Macarena no tuvo ni la menor intención de negar al Supremo, en su cabeza no esta todavía completo el concepto de Amor, esa era una clara alusión a Esteban cuyos antecedentes todos conocemos y no es necesario traer a colación. Opino que bastará con una pequeña medida represiva, como hacerla pasar un susto al cruzar la calle, sería un exceso ir más lejos.
Ariadna contraatacó:
-No es posible que en ella esto pase solo con una advertencia, todos sabemos que su actitud esta causando estragos en toda la balanza cósmica, es cierto que toda vida es preciosa y acá estamos hablando de evitar el mal mayor, además tampoco se trata de condenarla, el purgatorio no es tan malo. Están discutiendo ahora mismo si le ponen Internet para Hallowen. Todos Sabemos que la negación del amor es un sacrilegio gigante.

Entonces al fin se me iluminó la ampolleta, con una afirmación inapelable:

-¿No fue el mismo San Pedro, que sostiene las llaves del cielo, el que negó al Mesías tres veces?-Un murmullo se apoderó de todo el salón- Yo no pido más que una prórroga, una oportunidad. He velado sobre la almohada de Macarena García por veintidós años y puedo afirmar sin lugar a dudas que en un mes más ella puede enmendar su actitud.
El Arcángel Gabriel estaba perplejo y el jurado no paraba de discutir acaloradamente. Al fin al cabo de media hora tenían listo el veredicto, que señalaba lo siguiente:
-Estimados presentes-comenzó a leer Gabriel- Hemos considerado las afirmaciones de Ariadna como fiscal, y es innegable que tiene un grado de razón al afirmar que la presencia de Macarena en el plano Carnal, dadas las circunstancias, se ha tornado, por decir lo menos riesgosa. Pero el tribunal no puede desconocer el brillante argumento sostenido por el Ángel del turno Vicente, ni dudar del conocimiento de su única pupila. Dicho lo anterior sería injusto de nuestra parte condenar en esta audiencia a Macarena al purgatorio, pero nos es imposible conceder el plazo solicitado, sobretodo considerando la cantidad de conquistas que el lado oscuro ha hecho últimamente.
Por lo tanto hemos decidido que como ángel de la guarda de Macarena García, tienes exactamente una semana Vicente para hacerla declarar públicamente su amor a alguien a algo o la vida, mediante lo cual queda reparado el sacrilegio de hoy.

Finalizó la sentencia con un martillazo en el podio antes de que yo pudiera decir ni gracias. En un segundo estube de vuelta en el bar, justo cuando pararon de sonar las copas, en el preciso instante en que había sido llamado ante el Tribunal. Mi estómago me pesaba con una terrible amenaza. ¿lograría yo que Macarena no solo volviera a creer en el amor, sino que lo declarara públicamente? Y como si esto fuera poco, tenía solo una semana, o sea 7 días o 168 horas, como prefieran verlo.
Aquí empieza realmente la parte interesante de la historia...

11/1/08

SI


Te miro de soslayo, con miedo de que se me escape de los labios antes de tiempo el principio sinuoso de una definitiva afirmación.

Esa letra que se arrastra cual serpiente por mi paladar, cruza la inmaculada pared de mis dientes y resbala por el borde torcido de mi boca pensativa. La lanzo por fin al vacío, pronunciandola confiada en que al centro de sus barrigas cargadas de pros y contras exista sincronía y equilibrio.

La sigue una línea recta coronada en su delgado trazo con un pequeño punto casi imperceptible, el que inmediatamente estalla originando el bing bang que será principio de nuestro propio universo.

Es un misterio para mí como tras solo dos letras un simple SI esconde su significado gigante.

29/9/07

Crítica





No entiendo porque todo se traduce a palabras ,


Desde lo más hondo a lo más elemental,


¿Acaso nadie sabe? Son frases las miradas,


Y no todo tiene una traducción verbal.




Reímos a menudo, sin sentir alegrías,


Solo por el burdo deseo de agradar.


Nuestras almas quedan, poco a poco, vacías,


Porque ya nada es propio, todo es imitar.




No nos apasionan ni siquiera los afectos,


Que con tantos años destiñen su color,


Y vamos por el mundo creyéndonos perfectos;


Sin emocionarnos y sin sentir amor.






Este poema fue rescatado de mis cuadernos de chica por mi abuelo, cuando lo escribí tenía catorce años y estaba en primero medio. Para mi era raro notar que en ese momento me llamara tanto la atención la falta de emotividad sincera. Hoy siento que era por la sed de pertenencia que lleva a algunas personas a transar sus sueños a cambio de un poco de protagonismo, sin ver que están perdiendo lo único que en verdad tienen.


Casi nunca hago comentarios de opinión en mi blog, pero creo que esta vez lo amerita:
Me dá verguenza esta sociedad y el fenómeno "Wenna Naty". Me da verguenza que estemos dispuestos a hacer el amor sin enamorarnos. Me da verguenza... y me incluyo en esto, que se nos olvide siempre que estamos acá para vivir el hoy con todo el corazón todos los días.
Micaela del Alba

15/9/07

En Amor Hada

La primera mañana de primavera, siempre me sorprende gratamente. La vida se encarga de que esa víspera alguien tenga la suerte de dormir arrullado con mis susurros. Casual y mágicamente, más de una vez coincide con alguna nueva e impensada conquista y el calor suave de su primer beso. Por eso el despertar se me pega a la memoria con olor a canela, siempre mi favorito.
Al desperezarme, derrito de mis articulaciones toda la escarcha del invierno; coloridas sábanas se transforman en el más fértil de los prados, sobre el cual, las delgadas briznas granates de mi pelo florecen con pequeñas margaritas transparentes que se me pegan en las mejillas primorosas.
El hada de mi espalda despierta inquieta y seductora porque sabe que el sol le va a pegar en la cara por una temporada más. Justo cuando ya estaba empezando a hartarse de su anonimato, extiende sus azules alas, convirtiendo su secreta insinuación en presencia definitiva y protectora.
Me gusta salir a caminar por la mañana, según donde me encuentre; me tiendo en el muelle a disfrutar del sol y el río, o miro el amanecer desde las montañas con el valle cubierto de algodón de azúcar blanco e inmaculado. Casi siempre hay sol el primer día de primavera y mi semblante limpio de cualquier nubarrón me sonríe desde el otro lado del espejo invitándome a verlo todo de colores. Nacen estrellas de mis manos cuando acaricio la espalda de mi amor primaveral y respiro aire puro desde besos dulces atiborrados con néctar de flores. Nada me hace mejor que la primavera, ninguna promesa tan sutil ni definitiva como la que me renueva Ostara cada año.
El ciclo es continuo y exacto, el sol y la tierra hacen un pacto de profundo renacer, mientras yo florezco con el mundo para convertirme en rosas envueltas en papel de mantequilla… perfumada y radiante en uno de los tantos almuerzos primaverales, con sabor a desayuno. Es una pena que no haya vacaciones en esa fecha; la primavera debiese ser entera de puros días feriados, para poder ser feliz con propiedad y celebrar con abundancia.
Es el signo de equilibrio perfecto entre lo que ha estado dormido y lo que se renueva. Los trinos de pájaro se multiplican y se me llena la cabeza de pequeñas canciones que durante el día transforman lo cotidiano en una fiesta. Cada acto es de agradecimiento gigante por tanta belleza regalada, por tanto amor revelado, por tanta gracia resucitada de entre la oscuridad del invierno.
Las primeras noches tibias, el romance del Sol con los rubios campos de Trigo, sonrojados por caricias naranjas de atardecer.

Tengo línea directa al infinito para comunicarme desde mi alma a cualquier parte con mi amor de primavera.
Y si por alguna casualidad llega a haber un día nublado, lo disfruto con una monumental tarde de cine comiendo chocolates, junto a un delicioso capuchino de vainilla.
Maravillosa fiesta de olores; las flores regalan su fragancia y acurrucando en mi regazo a quien amo puedo disfrutar del perfume de su pelo… Largo o corto, da igual.
Todos son distintos y a la vez iguales; cada uno querido como un ser único desde su especial particularidad; y todos fundidos en un solo y feliz recuerdo primaveral… A veces algunos me acompañan a medias durante el estío; y es triste, pero ninguno ha logrado todavía no morir de frío tarde o temprano dentro de mi congelado corazón invernal.

Micaela Del Alba

7/9/07

Adiós a la Casona Azul


Adiós a la Casona Azul

Aurora se levantó súbitamente del gran sillón de pana verde cuando sintió a Juan en la escalera, no quería que él notara su nerviosismo y con los ojos cerrados contó sus pasos al subir los siete escalones de mármol, antes de girar la manilla de bronce gastado.
El espejo ovalado de la pared le confirmó que tenía compañía en la habitación, recién entonces ella respiro profundo y se dio vuelta. Él llevaba su ropa de trabajo, como era lógico no había tenido tiempo para cambiarse y su terno azul algo gastado por el uso le daba un aire melancólico que a Aurora le derretía todas las ganas de mostrarse distante. Cerró los ojos como para dejar a su cabeza gritar en silencio alguna frase que alimentara su alicaída voluntad, luego lo saludo fríamente, con un beso que le quemó la mejilla.
Juan intentó salir de su trabajo temprano porque quería cambiarse de ropa, pero en el camino notó que no le quedaba tiempo; así que se dirigió a la casona Azul para ver a Aurora. Pensó en llevar flores, pero con tristeza asumió que tal vez fuera tarde para eso.
En la entrada le costo trabajo abrir la vieja cerradura; una vez dentro su pensamiento se diluía contando el clic de sus zapatos en el mármol, cuando llegó a siete, giró la manilla gastada y vio el rostro de Aurora en el reflejo del espejo del fondo con los ojos cerrados. Su figura menuda dentro del abrigo verde botella nunca le había parecido tan adorable.
Se produjo entre ellos el silencio incómodo de quienes tienen mucho que decirse y no saben por donde empezar, ella estaba ocupada buscando las palabras y él estaba embobado admirándola.
-Bueno, supongo que ya sabes lo que voy a decir- dijo ella con los ojos fijos en sus botas cafés-
-Lamentablemente sí… Me vas a decir que me valla al diablo.- él trató de sonreír y encontrar complicidad en el rostro de Aurora, que continuó lejano como un camafeo.
-No, en verdad no me importa donde te vallas, simplemente ya no voy contigo.- cuando se lo decía por primera vez lo miró a la cara y dejó traslucir por un segundo todo lo que le dolía cada una de esas palabras.
Juan se quedó en silencio, estaba suspendido en ese rostro de porcelana, en esas pestañas delicadamente onduladas, en esos ojos azules de niña. Durmió amparado de su pelo negro por cinco años, sin pensar nunca que esa proximidad podía terminar estropeándolo todo.
Aurora luchaba consigo misma para no arrojarse de nuevo en los brazos de Juan y decirle que le perdonaría cualquier cosa, que sí quería envejecer a su lado viendo pasar los años por la ventana sin ninguna curiosidad por lo que hay más allá del patio con sus mil jardines.
Pero algo más fuerte que ella la mantenía digna en medio de esa enorme habitación, algo como los cinco años robados esperando siempre un gesto, un sábado que no estuviera lleno de reuniones, un saco que pudiera colgar sin aquel olor dulzón de perfume barato que no era el suyo.
Y ella ahí, esperando que un día el cruzara la puerta con flores, ni siquiera hoy se dio el trabajo de tener un gesto… tal vez aún no era demasiado tarde.Mientras Juan hablaba sus ojos se pusieron vidriosos, pero se tragó las lágrimas como su padre y su abuelo le habían enseñado.
-Si te sirve de algo, quiero pedirte perdón por todo, y decirte que te quiero. Pero mucho más de lo que te imaginas.
Aurora con dulzura le murmuró.
-Lo sé, y tú también sabes que has sido mi todo por mucho tiempo, pero ahora estoy cansada. Por favor, ya no quiero más.
Ella lo había querido desde que tenía memoria, siendo una niña lo había soñado. Para él ella no existía hasta su fiesta de dieciséis años, donde hablaron por primera vez y con sus veintitrés a cuestas sólo tuvo valor para invitarla a salir por la amistad que ligó desde siempre a sus familias. A Aurora los siete años de diferencia se le subieron a las mejillas cuando él le robó su primer beso, a la vuelta del teatro, mientras la nieve caía por las calles cubriéndolo todo de un manto de áurea pulcritud, en livianos copos suspendidos como plumillas mágicas sobre sus siluetas.
Los recuerdos se les agolpaban a los dos en la cabeza mientras de los labios les brotaban las frases hechas de cordial despedida.
Ya eran dos adultos, Juan bordeaba la treintena, y le dieron ganas de cama caliente, de niños jugando, de señora que presentar a los amigos las tardes de domingo y Bridge. Hasta hubiese podido dejar atrás su libreta negra de chicas del montón que se alternaban para acompañarlo a esos lugares donde Aurora no habría querido ir.
Él tuvo que hacerse cargo de ella cundo el accidente de sus padres la dejó huérfana; entonces la llevó a vivir con él y su madre a la Casona Azul. Mientras su madre estuvo viva pudo acallar las habladurías por que su novia viviera, sin un anillo mediante, bajo el mismo techo. Pero desde que ella había muerto hace dos meses que era solo cuestión de tiempo para elegir una Iglesia donde celebrar una sencilla ceremonia. Lo que Juan nunca consideró es que Aurora podía cansarse. ¿Cómo iba a cansarse ese ángel que no conocía nada más que sus besos?
Aurora podía ser indefensa, ingenua, dulce; pero no era tonta; sabía que se le venían encima tardes de domingo en las que solo podría preparar té helado para los amigos del Bridge y años eternos de cambiar pañales hasta que ya no tuviese edad de hijos. Por muy grande que fuera la Casona Azul, la enormidad de piezas no alcanzaban a saciar ni un cuarto de su curiosidad por el mundo; es verdad que Juan había cambiado un poco, pero después de todo no podía culparla por que cuando a él le crecieron raíces a ella le salieron alas.
Lo último que Aurora vio de Juan fue su espalda mientras giraba la gastada manija de bronce. Y se quedó sola con el espejo, estudiando con asombro su reflejo. Por un segundo se sintió tan pequeña, que le dieron ganas de salir corriendo detrás de ese hombre que la había sostenido todos estos años, volver a cegarse de besos, abrazarlo hasta sentir que ella no existía dentro de sus brazos. Pero de pronto se dio cuenta que ya no era una niña, se observó por última vez tocando con su mano la de su imagen en el óvalo, como para estar segura de que ella era esa mujer con ojos de niña que le sonreía desde el otro lado. Esa misma tarde preparó sus maletas y dejó para siempre la casona Azul.

Micaela Del Alba

31/8/07

El Don Del SI




Simplemente... Ahora me desangro sobre un frío teclado, más cálido que los espejos vacíos de mi casa, que claro está, no es mía. Es el lugar donde vivo hasta que sea lo suficientemente valiente para salir por la puerta con mis maletas.

Este es uno de esos momentos en que un cigarrillo me sirve lo mismo que me serviría una enorme fuente de flan de caramelo para ahogar mis angustias. ¿Como puede ser que las señales que siempre han sido tan claras en este momento se desdibujen de tal manera? ¿Está acaso Dios moviendo sus hilos con un particular sentido del humor, hasta hace poco desconocido para mi? El sentido cae de cajón y desde hace tres segundos todo se ha caído en pedazos sobre mi cabeza, otra vez.

Como castillos de arena mis planes se derrumban y no se cual será la razón. Tal vez la solución es no tener un plan, hacer una monumental finta al destino y simplemente dar bote a la pelota con cada latido, solo ser, no pensar no planear, ni siquiera estar más que en el hoy, en el ahora, no en lo que no está y se funde en esa masa informe de cosas que resultan y no resultan.

¿Y para que? solo para sentir que no hay nada mas importante que lo que SI hicimos, lo que SI pensamos, lo que SI soñamos. Esas tardes que nos gastamos escuchando música y andando en bicicleta mientras los transeúntes miran con cara de envidia. Hoy fue uno de esos días, igual que ayer y antes de ayer; es bastante ilógico que los momentos más valiosos sean aquellos en que no tenemos absolutamente nada que esperar… y tal vez esa es la clave, no esperar sino disfrutar, confiar, y divagar…desangrándome en el teclado eternamente si es necesario, porque aunque a veces me falte sangre, siempre tendré a mi alcance un poco más de tinta verde.


Micaela Del Alba