Esos simples placeres que permanecen ocultos en los recovecos del alma. Una antigua grabadora... la voz de mi abuelo guiándome de memoria, un pedazo de infancia grabado en un casete, hoy obsoleto. El ruido de los patines, la caricia del pavimento haciendo vibrar mis rodillas mientras el puelche me pega de lleno en la cara. Mi bicicleta por la costanera, el lago, mi primer horizonte; plagado de volcán y de verde.
El viejo y pesado teléfono, mi dedo hundiéndose con firmeza en la rueda para marcar los números de memoria, el ronroneo metálico y pausado de la espera. Más allá de los minutos limitados, descansan las horas eternas llamadas juveniles para colgarme de todas las voces que yo quisiera.
Creo que en ese momento brotó mi amor, entre los abrazos las risas y los besos.Entre las lluvias hipnóticas sobre las techumbres, entre el crepitar de tantas chimeneas y cocinas, aprendí a amarme así, entera, imperfecta y feliz. Verde y feliz, porteña y feliz. Aunque en ese momento no lo sospechara, luego del verde bosque terminaría presa de las escaleras y los coloridos cerros porteños, mi segundo horizonte, un mar enorme.Cambie el puelche por la brisa marina y los patines por zapatillas de danza, los recuerdos de mi abuelo por el anhelo de mis propios hijos.
Esa sureña feliz que un día fui, me visita seguido en mi porteña realidad, para recordarme que sólo quien conoce su origen puede eventualmente forjar su destino.Y cada vez siento con más fuerza que todo esto no es más que un espiral, en que nos abrazamos seguidamente con lugares y con gentes, fundiendo ayer hoy y mañana todo en el mismo pulso. Como si en cada respiración se escondiera el germen de lo que fuimos y de lo que seremos, desde el primer llanto desesperado de vida, hasta el último suspiro.
Liviana y feliz.
23/2/15
16/11/12
Danzar
Mis pies no cuentan compases repetidos,
la existencia completa se ordena rítmicamente.
Ocho tiempos que me empujan más allá de los sentidos
mientras todo pensamiento se diluye en mi mente.
Me deshago y me rearmo en fluidez, respiro profundo.
Soy dueña de una felicidad que no cabe en el pecho,
me traslado, vuelo, fluyo, siento, voy...
bello trance de ser, sin estar por completo.
Todas las certezas suspendidas en la punta de mis pies
todos los acordes cayendo por el arco de mi espalda.
Y dentro de mi, este fuego inagotable,
esta pasión eterna, el combustible de mi danza.
17/10/12
Emma se quedó en Playa Ancha
Nuestro barco atracó en el Puerto de Valparaíso. Bajé al muelle del brazo de mi joven marido y junto con la brisa marina me envolvió un presentimiento; nuestra vida florecería entre cerros y escaleras; mientras el recuerdo de Hamburgo se me iría destiñendo como la ropa colgada sobre los barandales.
Llegamos persiguiendo una esperanza y en el espejo del mañana pude vislumbrar: rubios hijos que hablarían correcto español y morenas nueras que traerían nietos para poblar nuestra mesa del domingo.
Nunca imaginé que nuestro clan se desmembraría por la larga geografía chilena. Me sorprendí gratamente cuando, más de un siglo después, mi bisnieta llegó a Valparaíso buscando lo mismo que yo; un mejor futuro.
Hoy sé que la eternidad es espiral de muchas generaciones entrelazadas. Soy feliz de haberme quedado en Playa Ancha, mi bisnieta viene de vez en cuando a visitarme…
Su mirada me recuerda un antiguo presentimiento1/1/12

A veces siento que me estoy balanceando en un vértice, bailando sobre las esquinas de los caminos de mi vida. Esos cruces, donde a veces, pensando que no decido nada me lo estoy jugando todo.
¿Qué quiero hacer? ¿Qué me gusta verdaderamente? ¿Para qué lado va esta carreta de la que , quiera o no, llevo las riendas?
En esos segundos no miro para donde sopla el viento, ni hago muchas preguntas. Sólo me paro derecha y siento, con el estómago, con el corazón. Respiro profundo y me lanzo a la ruta sin mirar atrás, sabiendo que esa decisión me dibuja y determina. Consciente de que nuestro espacio nos cobija y nos inventa.
Al final del día, las pequeñas decisiones son las fundamentales, nuestro futuro lo vamos forjando a pulso o sólo seremos una mixtura de muchas casualidades. Un mosaico armado a gusto del consumidor, una figura hueca, cómo un hueso sin substancia.
Al final del día, las pequeñas decisiones son las fundamentales, nuestro futuro lo vamos forjando a pulso o sólo seremos una mixtura de muchas casualidades. Un mosaico armado a gusto del consumidor, una figura hueca, cómo un hueso sin substancia.
Hay cosas que quiero explicarme aunque ahora no pueda, hay sueños enredados como ovillos que se entrelazan con mis pensamientos secretos. Tengo la certeza de que vendrá de nuevo por mí algún día el desasosiego y quiero que me encuentre en paz. No será la lógica la que me salve, no será la cabeza, será la paz. Porque donde ella esté nada más podrá alcanzarme.
Porque donde la paz esté también estaré yo, plena y feliz, recorriendo en calma mis caminos torcidos.
Porque donde la paz esté también estaré yo, plena y feliz, recorriendo en calma mis caminos torcidos.
Micaela del Alba
2/6/11
Vigilia

No quiero nunca estar tan cansada
como para dormirme sin soñar,
porque serán mis sueños, al final,
los que me mantendrán despierta.
los que me mantendrán despierta.
Centrada, clara y disconforme.
Con la vista sobre el escritorio,
con el alma sobre lo mediocre,
con el alma sobre lo mediocre,
con el grito de lucha en la garganta,
moviéndome siempre hacia mi norte.
No quiero cansarme nunca ,
ni llenarme de horas vacías.
Que no todo valor se factura,
y de sueños se teje la vida.
Micaela del Alba
15/5/11
Balance
Nuestro barco atracó en el Puerto de Valparaíso. Bajé al muelle del brazo de mi joven marido y junto con la brisa marina me envolvió un presentimiento; nuestra vida florecería entre cerros y escaleras; mientras el recuerdo de Hamburgo se me iría destiñendo como la ropa colgada sobre los barandales.
Llegamos persiguiendo una esperanza y en el espejo del mañana pude vislumbrar: rubios hijos que hablarían correcto español y morenas nueras que traerían nietos para poblar nuestra mesa del domingo.
Nunca imaginé que nuestro clan se desmembraría por la larga geografía chilena. Me sorprendí gratamente cuando, más de un siglo después, mi bisnieta llegó a Valparaíso buscando lo mismo que yo; un mejor futuro.
Hoy sé que la eternidad es espiral de muchas generaciones entrelazadas. Soy feliz de haberme quedado en Playa Ancha, mi bisnieta viene de vez en cuando a visitarme…
Su mirada me recuerda un antiguo presentimiento6/10/10
Reflexiones Endodóncicas

Estoy en la sala de espera, siento que mi corazón late descontrolado y se me sale por la boca. Esa misma boca que en breve será violentada por la sonora e inmisericorde indumentaria dental. Todo pulcro y ascéptico en la consulta, no hay rodillas sangrantes, ninguna tos flemática. Los pacientes compartimos el espacio sabiendo que nuestro calvario va por dentro y en un silencio cómplice nos consolamos con la mirada mientras se alarga nuestra espera.
Entonces pienso estúpidamente que todo este sufrimiento se podría haber evitado con una pequeña precaución, con un mínimo cuidado. Muchas veces ante la consumada desgracia ese pensamiento pasa burlesco por mi cabeza ¿De qué me sirve ahora? No me da valor, no cambia nada, sólo me regala la ficción de control sobre las circunstancias que hoy me superan y golpean con la fuerza de una salada ola de mar en la cara. Ese control no exíste, nunca existió, si hubiera hecho ésto o dicho aquello seguro habría fallado en otras cosas y aquí estaría todavía, esperando que me hicieran polvo una muela distinta, estoy segura.
Mi nombre es el primero de la lista, me levanto envalentonada de saber que por lo menos terminaré con este sufrimiento constante. Me siento en la silla y el dentista me reclina hasta el límite de la indignidad, un foco encendido sobre mi cabeza cegandome mientras escucho la frase lapidaria que me desarma:
-"Abra la boca"
Todo parte con la anestecia, cuando la encía se adormece el dentísta taladra sin piedad y se vuelve sórdido el ruido constante y metalico de la maquinita que va sacando todo. Yo siento ese olor entre caries y muela quemada , mi consciencia me abandona, mejor así. Agradezco profundamente tener la capacidad de divagar incluso en la silla de tortura y empiezo a ver las cosas desde fuera, pienso en lo increíble que sería tener una maquinita así con anestesia "todo evento" para poder desprender de mi mente todo lo que esté estancado y comenzando a podrirse , como estaba hasta hace un par de minutos mi muela. Poder eliminar los recuerdos indeseados, las envidias, las interrogantes que nunca parirán certezas. Sacarlo todo, quedar desnuda de prejuicios y de juicios con mi sonrisa más liviana lista para salir flotando en una nube de la consulta. Dolería claro, especialmente cuando pasara la anestesia, pero ahí estaría yo, libre de todo cuanto me pesa y feliz de pagar la cuenta gigante que solo por una muela parece no valer la pena.
Vuelvo a la clínica por un momento, fierros delgados y dolorosos están despojando a mi muela de lo que le quedába de nervio, constato que sufrir es inevitable, no sólo porque no hay ninguna sustancia capaz de dormir mis encías para siempre, sino porque caigo en cuenta de que un pequeño tozo de mí está muriendo, no lo siento, no late más y me entristece.
Libre de lo que me molesta, en todo sentido, extirpado lo que no quiero ver, muere también algo de ilusión y de esperanza, una parte de mis sentimientos más profundos. Cuando el dentista ponga sobre ésta muela una incrustación de porcelana inerte se verá más blanca que recién salida, pero me será ajena. Cuando me libro de todos mis males y los extirpo de raíz en mi fructífero ejercicio imaginativo, se que esa sonrisa liviana tampoco es mia, esos ojos como cristales totalmente libres de mi pequeña melancolía. No soy yo.
Después de todo, aunque parezca tentador, no quiero un tratamiento conducto del alma, no quiero mi corazón transformado en una concha vacía. Quiero caminar por el largo camino de abrazar mis sentimientos y limpiarlos con lágrimas, con risas, con abrazos, con el paso de los días que sean necesarios. Hace un tiempo traté de explicarle a alguien que para mí superar cualquer evento es un proceso. Hay gente que corta con todo, se olvida de personas y acontecimientos, fingen que nada pasó nunca y hechan tierra sobre los hoyos que la vida les va dejando, yo no puedo hacer eso. Para bien o para mal siempre he tenido que rumiar mis tropiezos buscando entender, buscando perdonar, queriendo sentir nuevamente amor por los demás y por mi.
-"Puede enjuagarse, cuando pase el efecto de la lidocaína le va a doler un poco"
Me rio de costado en mi mente, el dentista sólo ve una mueca burda sobre mi boca adormecida.
-"Me va a doler más que un poco, pero sanará, ya no hay duda. Muchas Gracias"
Micaela Del Alba
Suscribirse a:
Entradas (Atom)